Finalmente, vi la película del momento, Barbie, y confieso que la disfruté.
Amé cómo el guión rescata la imagen simbólica de la niña herida que habita en el interior de muchas adultas que jugaron con la Barbie y que no lograron el éxito que les vendió el personaje, que tienen una vida común y aburrida.
La representación de una vida sin propósito y cómo esto puede afectar la relación con los adolescentes, porque dejan de admirar al adulto que debería servir de motivación y le ven con pena, fue un mensaje fundamental para recordar que nuestra manera de vivir inspira y educa a nuestros hijos.
Adoré ver la transformación positiva en la relación madre e hija, desde que la adulta se conectó con la vida a través del rescate de su propia identidad.
Barbie muestra magistralmente cómo la masculinidad hegemónica se ha ocupado de eliminar las masculinidades y de ubicar una sola, aquella que debe siempre demostrar que NO es una mujer, una niña o gay; que necesita que una mujer le admire y le atienda, que cumple con la función de proveer, penetrar y proteger (las tres «p» del falocentrismo) y que la manada le aplauda para sentir que “es” y que “vale”.

La representación brillante del reconocimiento de esa identidad masculina perdida en el machismo a través de la frase: «Yo soy Ken», «No es la Barbie y el Ken», me puso la piel de gallina.
Me encantó ver que quien inspiró la transformación y la conquista del equilibrio en el mundo de Barbie fue la adolescente que siempre cuestionó a la muñeca, como un mensaje muy poderoso del cambio social que está generando la generación Z, y el poder que tienen de crear ideas y movimientos sociales que cambien el rumbo y cuestionen el statu quo.
Me fascinó como la creadora de la Barbie la humanizó conectándola con la historia de las mujeres, con las vivencias de cada una, con sus sentires y sensaciones como un arma de poder, para entender que las mujeres nos hacemos con cada guión de vida y que para sostenernos necesitamos sentir y aprender de cada historia.
Me impresionó positivamente con la creatividad que se expresó la superficialidad de ese «mundo perfecto» que compramos, que nos exige belleza, juventud eterna, conversaciones banales y mucho consumismo como una manera de deshumanizarnos.

Adoré cómo describieron la importancia del pensamiento crítico y el cuestionamiento de las reglas sociales, para que despertemos y dejemos de obedecer al primero que nos venda bonito una idea estúpida o vacía que compramos muy fácil, porque nos entrenaron para obedecer y seguir a la manada.
La representación de la lucha de egos para entretener nuestras miserias humanas y no crecer socialmente es uno de los mensajes más poderosos de Barbie.
Barbie nos muestra que la lucha es contra el sistema, no contra las personas, y que nos necesitamos para disfrutar la existencia reconociendo nuestras diferencias.
Barbie demuestra que todas las personas merecemos respeto, independientemente de nuestros genitales y que las ideas son las que tienen que ganárselo.
Barbie nos recuerda que todos vamos a morir y que lo que nos hará inmortales es ese legado que dejamos con nuestras acciones e ideas que guiarán el camino de quienes quieran seguirlas.
