Puedo decir que la miniserie “No hables con extraños” es uno de los mejores guiones que he visto, porque sabe mezclar de una manera magistral temas tan fuertes como el trabajo sexual, la traición en la relación de pareja, la desconexión familiar por heridas emocionales, la violencia contra las mujeres y el feminicidio; el impacto que puede tener la herida de la traición en una niña que cuando crece busca sanar canalizando su dolor haciendo “justicia” desde el trauma en el que vive.
Cada capítulo es una maravilla, porque no te permite pestañear ni un segundo y no puedes predecir nada, la trama es demasiado robusta. Amé el ritmo con el que pasa cada acontecimiento y la actuación de todo el elenco.
Me encantó ver cómo manejaron el tema de la sextorsión y el impacto que genera en las víctimas. Amé cómo representaron a los clientes de ese trabajo sexual, que esconden su miseria humana detrás de “familias perfectas” o que profesan la fé religiosa y son “amantes de la familia”, como vitrina de su doble o triple vida tóxica, que ostentan mucho poder social y son admirados por su capacidad de mentir y manipular.
La miniserie logra retratar de manera exquisita lo que ocasiona el abandono y lo que representa un acto tan duro como el suicidio para una familia. Es impresionante el dolor que genera la pérdida abrupta de un ser amado.
Impacta mucho ver cómo alguien puede sostener tanto una mentira, como puede herir de manera consciente a una comunidad entera, incluida su propia familia, con tal de satisfacer su ego y seguir enmascarando su irresponsabilidad, corrupción y deseos de mostrar lo que no es.
Confieso que me he convertido en fan de las series británicas y esta no me defraudó.
Disponible en Netflix.
