La autoestimulación sexual forma parte del derecho que todos tenemos de conectar con nuestro cuerpo y responder al deseo de sentir placer.
El deseo sexual es un indicador de maduración sexual y se relaciona con salud mental, que se traduce en bienestar.
En la adolescencia es esperado que se exprese el deseo sexual como el resultado de la maduración propia de la etapa evolutiva y de la expresión de las hormonas sexuales.
Nadie debería justificar la autoestimulación que decide hacer en privado, en intimidad.
Nadie debería sentirse culpable por conectar con su cuerpo y disfrutar de su placer.
No debería considerarse como un problema, ni un tema que haya que “explicar”, a menos, claro, que la autoestimulación responda a un comportamiento adictivo que obstaculice el desarrollo de la cotidianidad de la persona, que interrumpa sus horas de sueño, que le impida relacionarse adecuadamente con los demás y que bloquee su experiencia sexual socierotica (con otras personas).
Al mundo adulto le toca educarse sexualmente para entender el tema y respetar la intimidad de las adolescencias.
Al mundo adulto le toca aprender a desaprender mitos y falsas ideas que relacionan el placer con enfermedad y aprender a educar para la intimidad y el respeto al propio cuerpo.
De eso se encarga muy bien la educación sexual integral.
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Si quieres educar sexualmente a tus hijos, tienes que educarte tú primero.

