La película “Ellas mandan” rescata la miseria emocional en la que viven muchas celebridades que basan su propósito de vida en ser “inspiración para los demás”, cuando en realidad están siendo consumidos por su propia vida. Duele ver lo vacíos que están.
Amé ver cómo una humana segregada socialmente por su diferencia, una mujer nada especial según el estereotipo social, logra impresionar y sensibilizar al poder con su genialidad.
Es una delicia observar cómo la mujer común y corriente que nadie ve, que contrataron para cumplir con la famosa “cuota de diversidad”, logra el respeto de todos porque no se deja manipular por el poder, tiene argumentos propios y se atreve a darlos sin importarle quién se sienta confrontado.
Amé cuando el personaje de “la celebridad”, representado por la grandiosa Emma Thompson, admite que pisotea y maltrata a los demás, que no sabe halagar ni ser cercana con nadie, porque quienes se odian a sí mismos disfrutan hacer a los demás sentir un poquito del veneno en el que ellos siempre viven.
Disfruté mucho comprobar cómo un ego inflado te puede llevar muy lejos, pero te deja solo.
Me encantó confirmar cómo las mujeres podemos apoyarnos, entendernos y colaborar para que crezcamos juntas, cuando nos escuchamos y dejamos de atacarnos.
Es un verdadero regalo entender que una mujer puede sufrir de misoginia (odio a las mujeres). Esta se cura cuando esa mujer logra conectar con la grandeza del apoyo y la empatía que solo puede darle otra mujer.
El manejo del gran y temido tema de la “infidelidad femenina” vs la “infidelidad masculina” es un recurso que enriquece mucho el guión y le aporta valor a la historia. Porque definitivamente una mujer infiel nunca recibirá la compasión que recibe un hombre infiel en sociedades en las que se aplaude y se promueve que el macho tenga muchas mujeres, a menos que la infiel suplique por piedad.
Recomiendo verla. Disponible en Netflix.

