Ver la docuserie “Vivir 100 años” te inspira a cumplir ese sueño de vivir un centenario. Y es que la manera tan grandiosa de mostrar los hábitos cotidianos, lo realmente importante y las prioridades de esas comunidades del mundo que logran llegar a una avanzada edad de manera natural, sin ese afán “anti envejecimiento” en el que vivimos, nos revela que el sistema hiper productivo en el que estamos sumergidos es nuestra principal fuente de enfermedad.
Las llamadas “zonas azules” son esa aspiración al que cualquier país debería dirigirse, y para eso necesitamos desconectarnos del aprendizaje que nos enseñó a poner a la carreta primero que al caballo, que nos hizo priorizar el dinero que producimos que a las personas con quienes lo compartimos.
Comprobar la importancia de construir una vida con propósito, aprender a alimentarnos con comida no procesada, elegir alimentos que nos aporten nutrientes necesarios para sostener la vida, a encontrar nuestra tribu, a darle importancia a lo simple y a pulir nuestra actitud priorizando el humor como la base de la felicidad y la salud integral, es uno de los regalos que nos deja el documental.

Ver que la vejez puede representar una excelente oportunidad para vivir desde una perspectiva diferente es esperanzador. A partir de la sabiduría que solo la experiencia nos ofrece, tenemos la capacidad de contribuir y colaborar en la creación de sociedades más empáticas. En estas zonas azules, envejecer no es visto como una condena o una enfermedad; al contrario, envejecer con dignidad se considera un derecho y una meta alcanzable.
Ví el documental con mi madre y no puedo explicar lo que sentí al verla tan esperanzada y conectada con el mensaje, con los hábitos cotidianos que alargan y alegran la vida, con esa linda energía y vitalidad que muestran quienes han sabido sacarle provecho a su existencia priorizando lo que realmente es importante.
La contribución más bonita que me dejó el documental es lo vital que es construir ese sentido de pertenencia familiar que nos ayude a querer envejecer juntos, a sostenernos y a construir ese lugar seguro donde nos cuidamos, donde nos necesitamos, y esa necesidad alimenta la vida de todos los integrantes, incluidos a los envejecientes.
Ya lo he visto dos veces y creo que lo volvería a ver todas las que sea necesario.
Disponible en Netflix.
Las Zonas Azules: Oasis de Longevidad
Las «Zonas Azules» se refieren a regiones específicas del mundo donde una inusualmente alta proporción de la población vive más allá de los 100 años. Estos rincones del planeta no solo han fascinado a científicos y investigadores por su longevidad, sino también por la calidad de vida de sus habitantes, quienes en su mayoría gozan de buena salud hasta avanzada edad.

Las cinco regiones identificadas como Zonas Azules son:
- Okinawa, Japón: Conocidos por su dieta rica en vegetales y baja en calorías, los okinawenses tienen una de las más altas proporciones de centenarios en el mundo. Su estilo de vida incluye una fuerte conexión social y una filosofía llamada «ikigai», que se traduce como «razón de ser».
- Sardinia, Italia: En las montañas de esta isla italiana, los hombres particularmente alcanzan edades avanzadas a tasas impresionantes. Su dieta mediterránea, rica en legumbres, vegetales y aceite de oliva, y su fuerte sentido de comunidad son factores clave.
- Nicoya, Costa Rica: En esta península, los habitantes disfrutan de una dieta basada en maíz, frijoles y vegetales. También mantienen altos niveles de actividad física y tienen una perspectiva positiva de la vida, conocida como «plan de vida».
- Ikaria, Grecia: Esta isla, con una dieta similar a la de Sardinia, tiene un número alto de personas que viven sin enfermedades crónicas. La siesta diaria, el agua mineral natural y el fuerte sentido de comunidad parecen jugar roles esenciales.
- Loma Linda, California, EE.UU.: Es el hogar de una gran comunidad de adventistas del séptimo día. Siguen una dieta vegetariana, observan el sábado como un día de descanso y comunidad, y evitan el alcohol y el tabaco.
Los estudios sobre las Zonas Azules sugieren que no es solo la dieta, sino una combinación de factores—desde la actividad física regular y la integración social hasta la reducción del estrés y un sentido de propósito—lo que contribuye a la longevidad.

