«La emoción que no se expresa se convierte en síntoma”. Al escuchar esa frase, me impactó profundamente.
El cuerpo tiene la manera de comunicar lo que callamos con la boca. Nosotras, las mujeres, somos expertas en acumular incomodidades, cansancio, tristeza, ira y muchas otras emociones. Lo hacemos para no molestar y seguir aparentando que todo está bien. Aunque exteriormente parezcamos “exitosas”, en ocasiones por dentro sentimos que estamos al límite.
Es que nos han enseñado muy bien a mantener la postura social, a no llorar ni a quejarnos, porque eso nos victimiza, y un largo etcétera que compramos.
Nos han enseñado a no ver la película que queremos porque a la pareja no le interesa. Cedemos el control para que vea lo que quiere y cenamos lo que deciden los demás, todo porque no queremos molestar con una opción que solo nos gusta a nosotras.
Nos han dicho que no deberíamos ir solas a ese país que queremos conocer solo porque a nuestra familia no le interesa o le parece aburrido. En ese constante complacer, nos perdemos y cedemos el control de nuestra vida al mundo.
Con los años he aprendido a poner la vida en pausa, a elegir con quienes invierto mi tiempo y hasta con quienes decido cansarme. Ahora saboreo los momentos, suelto lo que no puedo resolver y observo lo que cada quien viene a aportarme a mi vida desde la curiosidad y la empatía.
En este camino de identificar cuál es ese bienestar que me sirve porque tiene mi medida he aprendido a darle a mi cuerpo lo que pide, a identificar los alimentos que me dañan y elegir los que me sanan, a descansar las horas que necesito sin culpas por levantarme tarde, a elegir ver sola la película que quiero sin obligar a nadie a acompañarme.
Lo que más me gusta es que hasta he aprendido a definir con quién quiero trabajar y con quién no, porque no negocio mi paz y mi descanso por dinero.
Es que la experiencia te enseña que hay dinero que sale caro, que sin salud no podemos ser productivos y que vivos es cuando somos exitosos.
He aprendido que nadie merece que te destruyas por salvarlos y que si lo que haces hoy te drena la vida, es importante tomar decisiones más que pastillas.

