Mi opinión sobre la miniserie “Arenas Movedizas” (Quicksand)

Desde el primer capítulo de la miniserie “Arenas movedizas” Mi opinión sobre la miniserie “Arenas Movedizas” (Quicksand), logré sentir la disociación de la protagonista y me conecté con su relato emocional.

Ver a una adolescente involucrada de manera tan fuerte y cruda en una tragedia como una masacre, me intrigó y activó mi curiosidad como madre y como profesional que trabaja con adolescentes.

Maya, revela lo que resulta de una crianza donde se prioriza la relación, no la conexión. Ella es la representación de una adolescente que se validó por su hacer, por su postura de “niña buena”, por su capacidad de cuidar a los demás y satisfacer las expectativas de sus adultos cuidadores, quienes no la conocían y tampoco les interesó entender lo que vivía.

Maya fue la víctima perfecta de otro adolescente roto, que no tenía nada más que perder porque nunca tuvo más que solo dinero y, desde sus heridas emocionales y físicas, lo único que sabía dar era oscuridad y conflicto. Sebas es una víctima de una familia desintegrada, con demasiados conflictos no resueltos.

Sebas, es el ejemplo vivo de la historia que está detrás de muchos adolescentes con comportamientos asociales, que buscan hacer daño para hacer sentir a los demás un poco del veneno en el que habitan. Y Maya representa a esa “mujer maravilla” que se sacrifica para salvar a ese niño herido en nombre de un “amor que mata”.

Duele ver la negligencia de los padres frente al infierno que vivió Maya. Duele ver cómo la dejaron sola cuando confirmaron que Sebas tenía dinero y poder, características suficientes para un sistema social que cosifica identidades y que vende que un “buen prospecto” lo define un hombre con dinero, que puede tener a una mujer “segura”.

Me rompió en dos confirmar cómo la ley revictimiza a las víctimas de violencia de género, cómo no reconoce el poderoso ciclo de violencia que incapacita a la víctima para poder salir, pedir ayuda y denunciar al maltratador.

Ver cómo una mujer que debería entender lo que vive una víctima de violación sexual, porque su profesión debe enseñarle lo que significa el concepto de inmovilidad tónica, también conocida como sideración, NO lo entiende, y obliga a la víctima a justificar lo injustificable.

Duele que la ley no entienda un fenómeno que se observa en muchas víctimas de abuso sexual que se quedan inmóviles durante la agresión, como un mecanismo involuntario frente a un miedo extremo y una respuesta adaptativa a una remota posibilidad de escapar del agresor y use este recurso para volver a agredirla.

Ver la importancia de la denuncia de las víctimas, del empoderamiento que genera en otras víctimas que una se atreva a alzar la voz, a contar su historia y a reclamar justicia, nos salva a todas y destruye la cultura de silencio que alimenta la estructura de poder que la sostiene.

Disponible en Netflix.

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