Confieso que la miniserie de Netflix “Una familia normal” captó mi atención desde el primer segundo. El guión juega muy bien con las emociones y la historia de una familia que se vende como “perfecta”, que profesa la fé religiosa y muestra una fachada de normalidad totalmente inversa a su realidad.
Amé la manera magistral en que mostraron el impacto desastroso que deja el manejo inadecuado, frío y distante de un tema tan crucial y delicado para una adolescente, como una violación sexual.
Ver la herida de traición y abandono que deja sentirte sola, es impactante. Este tema amerita acompañamiento, nivelación emocional y justicia, así como el afrontamiento de las consecuencias por parte de los adultos responsables de cuidar. Esta es una de las joyas de la serie.
La desconexión emocional entre el mundo adulto y la adolescente, así como entre los propios adultos, para mantener las apariencias y evitar enfrentar conflictos necesarios para construir una familia funcional, es uno de los mensajes más potentes.
Disfruté demasiado la manera tan exquisita de como presentaron el patrón del hombre “narcisista psicópata encantador”, que detrás de su victimización y “educación”, esconde su verdadera identidad y toda la oscuridad que le caracteriza.
Me encantó ver cómo plantearon el círculo vicioso del maltrato en una relación violenta y cómo se necesita de un tercero que ayude a la víctima a despertar del letargo emocional que construye quien aplica todas las formas de violencia para aniquilar y usarla a su antojo.
Esta miniserie revela muy bien las debilidades del sistema legal para acompañar y procurar que las víctimas de violencia sexual no sean revictimizadas, que se motiven a denunciar sin miedo a que las tilden de “locas”, de mentirosas o que la denuncia caiga en el vacío por “falta de pruebas” y por eso, se siguen beneficiando los agresores.
Ver el poder de romper con la cultura del silencio, que mantiene a tantas víctimas en una tortura constante, es conmovedor. La serie resalta el valor de contar las historias de las víctimas y hacer visible lo que muchos prefieren ignorar, lo cual contribuye a que estos hechos continúen sucediendo.
Disfruté demasiado que el guión revelara lo que el sistema social no dice, la falta de apoyo a las familias que sufren tragedias debido a la necesidad de mantener las apariencias y expectativas sociales.
Entender y comprobar que a la sociedad no le interesa que la familia funcione, duele, y despierta, porque entendemos que lo que realmente interesa es que lo aparente, y que confirme el cuento de hadas que nos vendieron de una familia “normal”.

