El polígamo se ha convertido en una de esas series que mucha gente está comentando, no solo porque está entre las más vistas de Netflix, sino porque no se queda en el chisme de un hombre con varias mujeres.
La serie engancha porque muestra algo que mucha gente reconoce, que son mujeres humilladas en nombre del amor, hijos creciendo alrededor de un padre emocionalmente irresponsable y un hombre que usa su poder para hacer lo que le da la gana, mientras todos terminan pagando las consecuencias.
Esta serie sudafricana presenta a Jonasi Gomora, un exitoso empresario cuya vida empieza a derrumbarse cuando sus relaciones, traiciones y secretos chocan con la imagen de “hombre intachable” que había construido. La historia gira alrededor de Joyce, su esposa, y de cómo esa fachada de matrimonio perfecto empieza a romperse cuando sus conquistas comienzan a revelarse.
Hay que aclarar que en algunos lugares de Africa la poligamia es legal o reconocida, pero la serie no habla de una poligamia elegida por todas las partes, habla de una poligamia impuesta por el protagonista, sostenida por mentira, manipulación, poder económico, triangulación y mucho miedo; y cuando una relación se sostiene así, ya no estamos hablando de cultura, estamos hablando de abuso.
El protagonista no ama a muchas mujeres, necesita muchas mujeres para no sentirse tan poco hombre. No le interesa construir familia, lo que él sabe hacer es organizar territorios en los que cada mujer tiene una función dentro de su ego inflado: una le sostiene la imagen, otra le da deseo, otra le da adrenalina, otra le confirma poder, otra le permite sentirse necesario, y cuando una persona te quiere solo por la función que cumples, revela que NO te ama, solo te usa.
Por eso Jonasi hace tanto daño y no le importa nada ni nadie, porque no ve personas completas, ve recipientes para su deseo, su ego, su apellido, su reputación y su necesidad de control. Incluso a sus hijos no los ve como hijos, sino como extensión de su nombre, de su poder y de la imagen familiar que quiere vender.
La serie es incómoda de ver porque toca heridas y revela lo que ocultan tantos hombres con este perfil. Revela que un hombre así no se pregunta “¿a quién lastimé?”, se pregunta “¿cómo controlo esto?”, porque no le duele el daño que hace, le molesta la exposición del daño que hace y por eso no le interesa reparar, porque reparar exige reconocer que el otro siente, que el otro importa y que el dolor que causa tiene consecuencias, y eso es demasiado difícil para alguien que sólo sabe mirarse a sí mismo.
No me atrevo a afirmar que el personaje tenga un diagnóstico clínico, pero la Academía Americana de Psiquiatría describe el trastorno narcisista de la personalidad como “un patrón sostenido de grandiosidad, necesidad de admiración y falta de empatía”, y el protagonista encaja perfectamente con ese perfil.
Para Jonasi Gomora la apariencia es clave, porque sin apariencia no hay personaje. Por eso, el dinero, la ropa, la casa, la empresa, las mujeres, los hijos y la reputación funcionan como maquillaje emocional, porque mientras más poderoso se ve por fuera, menos tiene que mirar la miseria interna en la que vive.
Me atrevo a decir que la serie ha gustado tanto porque revela que esos hombres no solo están en África, sino que muchas sociedades crían y protegen a hombres así. Si tiene dinero, si provee, si habla bonito, entonces mucha gente lo justifica, porque todavía se confunde poder económico con valor humano.
El Polígamo te hace entender que muchas mujeres no se quedan y aguantan tanto porque sean brutas, ni débiles, ni porque les guste sufrir, se quedan porque han sido emocionalmente educadas para aguantar, esperar y competir. Muchas crecieron creyendo que una buena mujer sostiene, que reclamar es ser conflictiva, que irse es fracasar, que el amor se gana y que perder a un hombre es perder valor.
Entonces, cuando entran en una relación así, no solo están peleando por él, están peleando por no sentir que fracasaron, por no aceptar que entregaron años a alguien que nunca las amó de verdad.
Y es ahí donde entra el famoso ciclo de violencia, porque primero aparece la tensión, luego la agresión, después la reconciliación y por último una calma que parece esperanza. Y es que la víctima no se queda solo por lo malo, se queda por lo bueno que aparece de vez en cuando y esa trampa es muy adictiva. Un día la destruye, otro día la busca, un día la reemplaza, otro día le dice que ella es la importante y esa intermitencia la vuelve loca, porque la mujer empieza a vivir esperando la próxima prueba de amor.
Ahí se forma el lazo traumático, que no es lo mismo que amor sano, porque la mujer no solo quiere al hombre, quiere que ese hombre finalmente la elija para sentir que todo lo que sufrió y todo lo que le ha dado a ese hombre tuvo sentido.
Por eso muchas mujeres no están compitiendo por amor, están compitiendo por reparación. Quieren que ese hombre las escoja porque creen que si él las escoge, entonces no fueron usadas, pero un hombre que necesita tener a varias mujeres heridas alrededor no está eligiendo a nadie, se está alimentando de todas.
Y eso es lo más cruel de la serie, que él las pone a pelear entre ellas para no responder por lo que hizo, y mientras todas se desgastan, él sigue en el centro. Pero ninguna está ganando, porque todas están siendo usadas.
Los hijos también pagan, porque crecer con un padre así les enseña que la imagen vale más que la verdad y que el poder permite dañar sin reparar. Algunos terminan complaciendo para ser vistos, otros se rebelan, otros se desconectan emocionalmente, pero todos aprenden que las personas se usan y que el dolor familiar se tapa para proteger al hombre que lo provoca.
Un padre así no solo daña por lo que hace, daña porque normaliza la mentira, la impunidad y una masculinidad donde tener poder parece más importante que tener conciencia y esa herencia emocional puede marcar la manera en que esos hijos aman, se defienden, confían o repiten lo que vieron.
Entonces Elaine: ¿por qué el protagonista necesitaba tanto sexo?
Porque él no solo busca sexo, busca confirmación desde la compulsión, porque cada mujer nueva le dice a su personalidad enferma: “todavía puedo”, “todavía gusto”, “todavía mando”. La excitación no está solo en la mente, está en controlar cuerpos y salirse con la suya.
Porque un hombre emocionalmente maduro no necesita coleccionar mujeres para sentirse hombre, no necesita humillar para sentirse fuerte ni esconderse detrás de una fachada para sentirse importante; por eso El Polígamo no es solo una serie sobre infidelidad, es una radiografía de cómo funciona la masculinidad débil cuando tiene dinero, poder y permiso social.
La pregunta que deja esta serie no es solo por qué él hace tanto daño, la pregunta también es: ¿por qué todavía hay tantas mujeres educadas para resistirlo, justificarlo, competir por él y llamar amor a una dinámica que les roba la vida?
Por eso esta historia incomoda tanto, porque nos obliga a mirar que a veces el hombre que parece más poderoso es simplemente el más vacío de la sala, y lo único que tiene para ofrecer, además de dinero, es una vida donde todos terminan pagando el precio de su miseria emocional.
Video recomendado:
Elaine Féliz en Youtube ¡SUSCRÍBETE!

